sábado, 26 de mayo de 2012



PALABRAS DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO “YO, RAÚL”.

Yo, Raúl –es el libro del profesor y escritor Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda que hoy presentamos en esta ciudad en donde vivió su niñez el poeta Raúl Gómez Jattin. Un libro que estaba haciendo falta para conocer más a fondo la lírica de este gran poeta nuestro que, a juicio de muchos críticos, le dio a la poesía colombiana un nuevo aire con sus temas y por la calidad de su obra.  El análisis de la poesía de Raúl Gómez Jattin lo hace nuestro escritor Otálvaro con base en tres categorías de la crítica: el sujeto lírico, el espacio poético y la intertextualidad.  Ellas le sirven para señalar, primero, que en “la poesía gomeziana…--cono él la denomina-- el yo poético es expresión directa del yo biográfico”. Con lo cual Gómez Jattin –dice Otálvaro-- se distancia de la poesía moderna, que “plasma una visión del mundo a través de la creación de una voz poética impersonal hasta el extremo de hacerla casi inidentificable”, de casi hacer desaparecer la voz personal del poeta. Veámoslo con este ejemplo: “Los habitantes de mi aldea/ dicen que soy un hombre/ despreciable y peligroso/ y no andan muy equivocados// Despreciable y peligroso/ Eso han hecho de mí la poesía y el amor//. El poeta y el hombre se confunden en estos versos y en casi todos los demás de su obra.
El espacio poético de Gómez Jattin es para Otálvaro, el Sinú con sus  ciénagas, poblaciones, frutas y animales. Un espacio poético que se convierte en símbolo del dolor y del amor, de la vida y de la muerte, de la soledad y de los sentimientos que atormentaron su vida. Pero Otálvaro agrega, lo que le da más profundidad a su análisis, que Gómez Jattin no pudo prescindir de esa naturaleza para expresar sus sentimientos. Una de sus obsesiones –dice—: dibujar su propio retrato de vida, no lo pudo hacer sin “dejar de poner en él, como paisaje de fondo, sus llanuras sinuanas, los frutos, los animales, el calor de su tierra”.  Y en especial el río –gusano de cristal irisado—del cual se considera hechura cuando afirma ser “hombre de río pero con el alma  negada”. En síntesis: La geografía en Gómez Jattin, o sea el espacio poético, está tan íntimamente ligada al Yo poético, al sujeto lírico, que se puede decir que son una unidad de opuestos, y que gracias a esa unidad del uno y del otro fue posible el surgimiento de esta gran poesía.
Pero el diálogo de Gómez Jattin con la geografía y con la cultura del Sinú, con los poetas, dramaturgos, filósofos y pensadores que leyó, también se sumó al proceso de creación de la poesía gomeziana.  Con este recurso, al cual los teóricos le denominan intertextualidad,  nos muestra el profesor y escritor Otálvaro la vasta erudición que el poeta tenía sobre muchos temas, e incluso la razón de ser de su estilo y de su visión de la vida. Gracias a este análisis entendemos, por ejemplo, que el verso intimista y sencillo se lo debe nuestro poeta a quien fuera uno de sus paradigmas, el poeta español Antonio Machado. Y de cómo el erotismo y algo de su estilo lo bebe Raúl en la fuente de la poesía de Walt Witman. De cómo descubrió la tristeza en el rostro de su padre mientras éste le leía la Canción de la vida profunda de Barba Jacob. Y de cómo la poesía de Octavio Paz, lo que el poeta confiesa en tres de sus versos, lo puso en contacto y lo hizo pensar en el aire, en la luz solar, vale decir en la naturaleza, y le facilitó la conversión de ésta en expresión de su tristeza. Hay un poema de Paz dedicado al pintor mejicano José Luis Cuevas que parece escrito pensando en Raúl. Dice en su estrofa final: “desde el fondo del tiempo, desde el fondo del niño, José Luis –podríamos decir Raúl- dibuja nuestra herida”.
De todo lo anterior, sumado tales elementos como las partes de un suculento banquete literario, surge según Rubén Darío Otálvaro, la poesía de Raúl Gómez Jattin, una poesía que maneja un estilo prosaico y oral que rompe con la tradición conservadora de la poesía colombiana y  que no hubiera sido posible sin la maravillosa conjunción de la tristeza de Raúl frente a las imágenes de su memoria, sin el escenario del Sinú que le propició los pocos días de felicidad que tuvo y sin el aporte de sus muchas lecturas que le dieron el soporte estilístico y de sabiduría para poder expresar lo que hay en su obra. Qué tan lejos este análisis del unilateral que resalta más la vida, la biografía del poeta con sus pasiones, defectos y tormentos. A éstos últimos, a los que han dado más importancia al loco, al homosexual, al drogadicto, el poeta les dice en sus versos dramáticos: “Valorad  al loco (no lo miren a él, miren al hombre, al poeta) porque él nos representa ante el mundo,/ con su sensibilidad dolorosa como un parto”. Y eso, mirar al poeta, su entorno y sus lecturas y reconocer de paso al hombre es lo que ha hecho Rubén Darío Otálvaro con este maravilloso libro que hoy presentamos en homenaje a la memoria del gran poeta de Cereté.


Antonio Mora Vélez,
Cereté, Casa de la Cultura Raúl Gómez Jattin, mayo 25 de 2012.

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