miércoles, 29 de diciembre de 2010

MIRÁNDOME EN EL ESPEJO

Oí decir que habían condenado al dictador vecino
y que éste sonrió y saludó con su brazo en alto
al pueblo que lo despidió con vítores.
Oí decir que sus ministros lloraron patrióticamente
y que sus gestores –de adentro y de afuera—
lo sintieron mucho pero que, en aras de la democracia,
cambiaron de opinión sobre sus muertos.
Ahora veo el espejo espejito que me adivina el futuro
y me muestra el rostro de un japonés encarcelado,
a mis ministros llorando patrióticamente,
al pueblo despidiéndome y reemplazándome por otro
y a mis gestores –de adentro y de afuera--
lavándose las manos, como Pilatos.


Montería, abril de 2009.

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