miércoles, 29 de junio de 2011

UNA SUAVE CARICIA DESPUÉS DEL ESTRUENDO

La refrescante magia
de tu música
y los mil arpegios de tu sueño
llegan a mí, alegremente,
cabalgando corcheas y semifusas.

Estoy en el refugio,
temeroso aún del ruido y del llanto
y tus notas son como arrullo de mar
y aves canoras.

¡Que extraña placidez la de tu piano!
¡Cuánta tersura en cada arpegio!
¡Que maravilloso sortilegio el de tus dedos!

¿Cómo no pensar en la vida si tu música
se mete por entre las ventanas,
y nos hace sentir que aún amamos,
muy a pesar del temor de soledad y muerte
que nos invade después de cada estruendo?



Sincelejo, septiembre de 2003

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