martes, 22 de septiembre de 2009

Una fábula fantástica

UN PERRITO SOBERBIO

Érase una vez un perrito que quería ser el amo y señor de toda la comarca. Comenzó señalando con su orina el territorio de su barrio y fijó entonces mojones precisos que prohibían el paso a los demás perros del entorno. Luego marcó el espacio del pueblo y a todos sus congéneres les dijo que sólo él podía ladrarle a la luna por las noches. Pero no estuvo conforme. Entonces decidió que el único gozque que podía olfatear los prados y bosques de Colombia era él y se orinó en la Patria con emocionado gesto. Finalmente, engreído hasta el cansancio, determinó que sólo él podía coger a las demás perras de América y se orinó el continente desde el estrecho de Behring hasta La Patagonia.

Su soberbia no parecía tener límites y pensó hacer lo mismo con todo el planeta y se situó en la cima del monte Everest con la intención de orinarse todos los países y mares de La Tierra. Antes de hacerlo miró hacia el cielo encapotado y sonrió, pensó entonces que ya le tocaría el turno a las estrellas, a las que ya imaginaba apagadas por su orina. Nuestro perrito aspiró todo el aire de ese tejado del cielo, alzó su pata y comenzó a orinarse todo el Himalaya, monte a monte, pico a pico. Un monje Lama que lo vio en su desenfado invocó enfadado a los dioses y produjo el milagro. Por entre las nubes apareció un dedo inmenso, brillante como el sol, y una voz de trueno que le dijo:


--¡El único que tiene derecho a orinarse en el mundo soy yo¡-- Y lo destripó en la cima.


2001

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