sábado, 29 de octubre de 2011

LA VIDA Y EL UNIVERSO.

Por Antonio Mora Vélez

El hombre siempre se ha preguntado por su origen y por el de las grandes realidades que le acompañan. El Universo, La Tierra, La Vida… son algunos de los grandes interrogantes. Y a ellos le han dado repuestas las viejas mitologías, las religiones, la filosofía y las ciencias, cada una desde su perspectiva. Casi se puede afirmar que en gran parte el desarrollo de estas disciplinas de la inteligencia ha estado directamente relacionado con el afán de resolver los citados enigmas.
El Universo es el más estudiado y el menos comprendido de todos estos misterios. Desde las viejas mitologías griegas hasta nuestros días es mucho lo que se ha escrito sobre el tema. Y siempre en la línea de desarrollo del conocimiento señalada por los epistemólogos: del mito a la razón y de ésta a la ciencia: asignándole a la ciencia el papel de criterio rector en la búsqueda de la verdad.
La teoría del “Big Bang” en su etapa actual, divulgada por Stephen Hawking, parece ser la más acertada interpretación del origen del Universo. Según esta teoría toda la materia del universo estuvo inicialmente concentrada en un “huevo cósmico” que explotó y dio origen en su expansión a las estrellas y planetas, a la vida y al hombre. El final sobrevendrá, bien en la etapa final de la expansión en la que el Universo estará “ en un estado de desorden casi completo” y en el cual “todas las estrellas se habrán quemado y los protones y los neutrones se habrán desintegrado probablemente en partículas ligeras y radicación”; o en el “Big Crunh”, después de que todo el universo haya recorrido el camino inverso, es decir, el proceso de contracción, y se fusione nuevamente en el “huevo” original. Dos variantes de esta teoría, debidas al físico ruso Friedman, sostienen que el universo se expande tan rápidamente que la atracción gravitatoria no podrá pararlo, aunque lo frenará un poco, o que se continúa expandiendo a una velocidad tal que impedirá al colapso gravitatorio.
Stephen Hawking sostiene que el origen de la vida y del hombre sólo son posibles en la dirección de la flecha termodinámica, que es la dirección del tiempo en la que el desorden y la entropía aumentan y que se sucede en el proceso de expansión del universo en el que estamos actualmente. Afirma que en toda la etapa de contracción del universo no habrá posibilidad de que exista de nuevo la vida y el pensamiento. De suceder tal cosa – dice Hawkings- los hijos serían anteriores a los padres y un vaso estaría primero roto en el piso que completo y lleno de vino sobre la mesa (1). El tiempo, en este fantasioso evento, transcurriría hacia atrás, lo cual resulta ilógico para la razón, pero benéfico para la ciencia ficción, que ha utilizado tal recurso en varias oportunidades (2).
Pero ocurre que Empédocles, filósofo griego del siglo V a.n.e., expuso una hipótesis cosmogónica similar a la del “Big Bang” y en ella sostuvo que la vida era también posible en la fase contractiva. Sostuvo que el universo se originó en un punto de materia indiferenciada denominado “Sphairos”, en el cual los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire) se encuentran fusionados. Por la acción del “odio” tales elementos empezaron a separarse, y luego a combinarse en virtud del “amor”, para dar origen a los cuerpos y al mundo. En esta fase, no obstante las uniones particulares, prima el odio, el cual logra conducir al cosmos hasta un estadio de total separación de los cuatro elementos (“Acosmia”) en donde no es posible la existencia de los cuerpos. En este estadio el proceso se invierte, gracias a la acción del “amor”, hasta retornar al “divino Sphairos”, pasando por otro momento intermedio de equilibrio y lucha de las dos fuerzas en donde nuevamente tienen lugar el mundo y la vida (3).
Sobre el particular de las grandes similitudes entre las dos teorías: la aún mítica de Empédocles y la científica del “Big Bang” me ocupé en un breve comentario anterior publicado en “El Universal” Dominical de Cartagena (octubre 14/90). En dicho comentario resalté las siguientes y asombrosas semejanzas: 1) El origen fusionado del cosmos (Sphairos”, “Big Bang”) y el retorno a una fusión final (“Sphairos” y “Bing Crunch”); 2) Los procesos de unión y separación de elementos para formar los cuerpos; 3) La vida como fase intermedia entre el origen fusionado y el fin disperso del universo; 4) La característica señalada de total dispersión de la materia en la “Acosmia” de Empédocles y el límite máximo expansivo de Friedman y Hawkings; 5) La teoría del equilibrio y lucha de las dos fuerzas que permite en Empédocles la formación de los cuerpos al combinarse los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) entre sí y en la ciencia moderna el torbellino generador de las galaxias.
Por lo anterior escribí que Empédocles bien podía tener la razón frente a Hawkings al afirmar que la vida era también posible en la etapa contractiva del universo; no obstante la tesis ya señalada de que la vida es generadora permanente de entropía, y la paradoja del tiempo en sentido inverso arriba descrita. Y la razón que tenía para tal afirmación era muy sencilla: Que resultaba insostenible que Empédocles y Hawkings coincidieran en todo menos en lo referente al origen de la vida en la fase contractiva.
Para avalar tal fe en el autor de “Las Purificaciones” agregué entonces que no se podía olvidar que fue discípulo de Pitágoras y que, según Heraclidas, murió arrebatado por un carro de fuego que era conducido por seres que hablaban con “voces sobrehumanas”; y que fue expulsado de la Liga Pitagórica por haber divulgado los conocimientos esotéricos en sus poemas. Ni tampoco que su maestro, el sabio de Samos, estudió en Egipto, país fundado por descendientes de los atlantes y cuna de la Gran Pirámide: “que debió ser un libro de piedra y testimonio de los conocimientos técnicos llegados del cielo”. En síntesis, que la explicación mítica del origen del universo propuesta por Empédocles no era tal sino ciencia pura heredada de algún tipo de conocimiento anterior, bien guardado por los sabios de la época y aprendido en las escuelas de iniciados del Oriente Asiático y el norte de África (4).
Pero ahora se me ocurren otras reflexiones en torno al tema. Desde la perspectiva de escritor de Ciencia Ficción y aficionado a la cosmología, estimo que los defensores de la hipótesis de la expansión infinita no tienen razón ni mucho menos los sostenedores de la llamada “muerte térmica” del universo. En esto coinciden Hawking y Empédocles. El universo se contraerá y en la fase de casi desorden absoluto producida por la entropía ocurrirá un equilibrio temporal de miles de millones de años que será roto por la acción de la fuerza gravitatoria de la materia en estado cuántico y del espacio en el que se sucedió la “gran explosión”, que debió ser, como lo afirman Friedman y Hawking, una “singularidad” en el tiempo real, suficiente para frenar la expansión e invertir la dirección del proceso. El equilibrio, como todo equilibrio, es temporal; el movimiento, la transformación, son eternos; así lo afirman Heráclito, la Dialéctica y la moderna Teoría del Caos. De modo que la fuerza del “amor” de Empédocles (la gravitación, según la ciencia) no dejará de actuar y tarde o temprano pondrá a andar de nuevo el reloj cósmico en sentido contrario.
El relación con la hipótesis de la vida en la etapa de contracción del universo, cabe señalar, con la ciencia ficción, que no sería igual a la nuestra porque ocurriría en un universo que en lugar de disipar, concentraría energía, aunque es perfectamente posible que en alguna regiones haga disipación y que en esta quepan otra vez la vida y la razón humana, del mismo modo que la línea expansiva generada por la explosión original del universo no se contradice con la concentración de materias en esas zonas de cosmos en donde, gracias a ello se han formado las galaxias. Así lo afirma Empédocles. Para él, en está fase que va de la “ Acosmia” al “Sphairos”, la fuerza del “amor” une nuevamente las partículas para formar los cuerpos, en abierta lucha con el “odio”, que tiende a separarlas.
En este ultimo evento (menos del agrado de la CF) y en relación con los seres inteligentes, si los hubiere, las cosas ocurrirían de un modo normal; del mismo modo que al hipotético navegante del espacio que ve transcurrir el tiempo del viaje como si estuviera en la tierra, y a su regreso constata que han pasado muchos años mas de los vividos por él en el interior de la nave. El habitante de ese Cosmos contractivo sabrá que está en él porque no verá el corrimiento del espectro hacia el rojo, como nuestros científicos, sino hacia la banda azul. En lo demás probablemente sea similar a nosotros.
Debo añadir finalmente que creo, como lo sostiene Umberto eco, que la Ciencia igual que la Ciencia Ficción apuesta en cada descubrimiento o creación, a la conjetura y que ésta es filosofía e imaginación (5). Muchas de las opiniones de Hawking en su magistral obra son eso, conjeturas científicas, y no por ello, menos importantes, de allí que comparta su criterio de la necesaria vinculación de la filosofía con la ciencia en la gran tarea de descifrar el origen y fin del universo. En este artículo he querido ser consecuente con tal posición y resaltar la importancia de Empédocles como pensador y sostener que el pensamiento de las civilizaciones antiguas tiene más de un nexo con la ciencia moderna, y que en temas como el que nos ocupa, debe ser tenido en cuenta como referente metodológico al momento de pensar las alternativas o conjeturas elaboradas para interpretar los enigmas del universo.
___________________

miércoles, 29 de junio de 2011

UNA SUAVE CARICIA DESPUÉS DEL ESTRUENDO

La refrescante magia
de tu música
y los mil arpegios de tu sueño
llegan a mí, alegremente,
cabalgando corcheas y semifusas.

Estoy en el refugio,
temeroso aún del ruido y del llanto
y tus notas son como arrullo de mar
y aves canoras.

¡Que extraña placidez la de tu piano!
¡Cuánta tersura en cada arpegio!
¡Que maravilloso sortilegio el de tus dedos!

¿Cómo no pensar en la vida si tu música
se mete por entre las ventanas,
y nos hace sentir que aún amamos,
muy a pesar del temor de soledad y muerte
que nos invade después de cada estruendo?



Sincelejo, septiembre de 2003

sábado, 18 de junio de 2011

A MIS HIJOS

Estoy iniciando el camino de los últimos días
y pienso que todavía estoy a tiempo
de decirles estas cosas.
Decirles que, a pesar de mis errores como padre,
cargo que desempeñé sin experiencia, los amo
profundamente y que pensé siempre en dejarles
el fruto de mi trabajo honesto y un sendero,
el mejor de los senderos posible.
Que aplacé varias veces la cita con la muerte
para no perderme de las sonrisas de mis nietos.
Que he sido feliz con vuestra madre,
que ha sido como un ángel.
Que me siento realizado con mis escritos y poemas
y por haber regado, al menos, inquietudes a mi paso.
Y porque ustedes tres son lo que yo hubiera
querido ser: músico, científico o periodista.
Que también me hubiera gustado ser bailarín,
cantante, Pelotero de los Dodgers, filósofo
o locutor de Radio Nederland.
Que no he sido ambicioso, que me he conformado
con tener lo necesario para vivir modestamente.
Que durante mis primeros años anidó en mi alma
la tristeza.
Que para mí es más importante una flor
que una pistola.
Que miré sin que lo supieran, los programas de
televisión que a ustedes les gustaban
para saber qué había en sus corazones.
Que alguna vez intenté tomarme el cielo por asalto,
que fracasé y que terminé de cantor de fantasías.
Que jamás me he gastado un peso ajeno.
Que soy un enamorado de la vida y que detesto
y temo a los heraldos de la muerte.
Que lloro con las escenas que exaltan las virtudes
que definen al hombre.
Que me sacan de casillas las injusticias y las mentiras
del poder.
Que no me gustan las colas de las oficinas
así en ellas haya colas como la de Jennifer López.
Que desconfío de los candidatos con asesor de imagen.
Que prefiero un desfile de gaviotas
a una marcha triunfal de fusileros.
Que me gusta la policía... de las películas.
Que no cambio el rumor de las olas del mar por otra cosa.
Que he sido un hombre bueno en la medida de lo posible.
Que me gustan el porro, el cha-cha-chá y el bolero.
Que no asistiría a encuentros de rugby o de kik boxing.
Que le tengo pavor a las obligaciones bancarias.
Que soy un soñador empedernido, alguien que cree
en un futuro mejor a pesar de todo lo peor ya conocido.
Que me aterra la violencia de que ha sido y es capaz
la sinrazón humana.
Que me revuelven el estómago el terrorismo, el dogmatismo
y el autoritarismo
Que me avergüenza la virgen de los sicarios.
Que no creo en la resurrección de la carne
sino en la del espíritu.
Y que siento que más allá de las galaxias
que me inspiran o en una isla de estrellas
de mi alcoba, hay un ser inescrutable que me ama.

Antonio Mora Vélez (Colombia)
Sincelejo, julio de 2008.







jueves, 2 de junio de 2011

DESENGAñO

Todo el futuro pensado de alegrías

zozobra gota a gota

por la mezquindad de los heraldos

que ayer creí capaces

de manejas las esperanzas.



Las gaviotas se resisten a creer

en las imágenes de las olas



Pero pudo más el lado oscuro del hombre

su soberbia

la insensatez

la falta de grandeza.



Y el barco se hunde poco a poco

en las aguas procelosas de la duda

mientras los capitanes del naufragio

sacan a flote su pequeñez y su perfidia.

domingo, 29 de mayo de 2011

MIRÁNDOME EN EL ESPEJO

Oí decir que habían condenado al dictador vecino
y que éste sonrió y saludó con su brazo en alto
al pueblo que lo despidió con vítores.
Oí decir que sus ministros lloraron patrióticamente
y que sus gestores –de adentro y de afuera—
lo sintieron mucho pero que, en aras de la democracia,
cambiaron de opinión sobre sus yerros.
Ahora veo el espejo espejito que me adivina el futuro
y me muestra el rostro de un japonés encarcelado,
a mis ministros llorando patrióticamente,
al pueblo despidiéndome y reemplazándome por otro
y a mis gestores –de adentro y de afuera--
lavándose las manos, como Pilatos.


Montería, abril de 2009.

jueves, 26 de mayo de 2011

ANA MARÍA, ADIÓS.

Tus ojos se perdieron en el abismo de la muerte después de la alegría.
Todas las ideas que se fijaron en tu estampa se fueron tras tu huída.
Todo el activo de tus sueños se perdió en esa noche de tristeza desbordada.
Morirte era lo que menos esperaban los enamorados de tu suerte,
y al acabar con tus latidos, acabaste con los latidos de las vidas
que aguardaban el generoso calor de tu amplio nicho.

Montería, mayo 26 de 2011.

miércoles, 4 de mayo de 2011

LOS CADÁVERES DEL RÍO

Yo vi pasar muchos cadáveres por el río.
Los vi como ver pasar las tarullas
o los grandes buques río arriba
que viajaban con su música de orquestas
y sus señoras encopetadas.
Eran parte de un paisaje siniestro
que restregaba día a día, en mis pupilas de niño,
la crueldad de la vida.
Yo iba al río a bañarme o a recoger el agua
para llenar la tinaja de mi madre.
Y ella le echaba alumbre al agua
para quitarle los colores de la muerte.
Y me decía que los cadáveres del río
habían tenido vida en otra parte
y que sus deudos no habían tenido dinero
para comprar la sepultura.
Pero yo escuché muchas veces al gamonal
–en las parrandas de Abel Antonio—
decir que así tenía que ser,
que había que defender al presidente,
y que, además, el paso del hedor
por frente a la albarrada
era cosa de pocos metros y minutos.
Después crecí. Y no volví a ver ese río.
Ni muertos viajando por sus aguas.
Ahora los veo en las páginas y en las calles.
Y escucho a los voceros decir
que se trata de un error, o de un falso positivo
o de un ajuste de cuentas, o de un terrorista abatido.
El río que ahora contemplo
ya no es de agua sino de sangre.
Un río sin cauce que surca
toda la epidermis de la patria.
Y no sé qué clase de alumbre echarle
para quitarle ese color a muerte
que mi madre me ocultaba.