Ahora que el aire y el mar son ajenos,
que no se pueden mirar las flores
de los mangles ni grabar el vuelo
de los alcatraces.
Ahora que las palmas han modificado
el paisaje de las parcelas solitarias.
Ahora cuando las palabras
tratan de ocultar la ruta de la sangre
y la luz de los corazones
es acribillada por el fuego.
Ahora que la vida es un derecho extraño
y la muerte es la principal
actriz de esta tragedia.
Ahora que los personajes del segundo acto
nos hacen sentir espectadores
de otro drama.
Ahora que la oscuridad y la luz
son las dos caras pensantes del cuerpo
enfermo que amamos y pisamos.
Ahora, frente al olvido dirigido
que trata de ocultarnos
las argucias palaciegas del monarca
y los floretes de sus mosqueteros…
Ahora, en este refugio de libros
y de discos que me alimentan
y me sustentan la esperanza,
tengo la desagradable sensación
de no estar en mi tierra y en mi cielo,
sino en un inmenso estercolero,
asfixiándome,
calculando cada pisada,
evitando la sorpresa de las ratas.
Montería, enero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
¿CÓMO HACER?
¿Cómo hacer para olvidarlos
Si están allí, caminando tras la historia
Siendo ellos lo que son, con sus heraldos
Y yo lo que soy en esta noria?
¿Cómo hacer para no verlos
Si están en el mundo que yo habito
Y alzan la voz y proponen y disponen
Mientras yo –bardo inmóvil—
Contemplo las fosas del desorden
Ahogando nuestro grito?
¿Cómo hacer para negarlos
Si el sonido de la cuerda que pulsan
Está cerca a la frecuencia de mis cantos?
¿Cómo hacer para no darles la palabra
Si la palabra no es de nadie
Su residencia es el aire
Y jamás podrá ser almacenada?
¿Y cómo hacer para que el llanto
No borre los recuerdos
Que reverberan inciertos
Y con algunos desencantos
en el matraz de mis ilusiones aplazadas…?
………
Como nada o poco puedo hacer
Para que el agua corra y abra el surco
De la tierra buena y fértil de mañana
Acompaño la intrepidez de las gotas
Con mis versos.
Antonio Mora Vélez
Montería, enero de 2011.
Si están allí, caminando tras la historia
Siendo ellos lo que son, con sus heraldos
Y yo lo que soy en esta noria?
¿Cómo hacer para no verlos
Si están en el mundo que yo habito
Y alzan la voz y proponen y disponen
Mientras yo –bardo inmóvil—
Contemplo las fosas del desorden
Ahogando nuestro grito?
¿Cómo hacer para negarlos
Si el sonido de la cuerda que pulsan
Está cerca a la frecuencia de mis cantos?
¿Cómo hacer para no darles la palabra
Si la palabra no es de nadie
Su residencia es el aire
Y jamás podrá ser almacenada?
¿Y cómo hacer para que el llanto
No borre los recuerdos
Que reverberan inciertos
Y con algunos desencantos
en el matraz de mis ilusiones aplazadas…?
………
Como nada o poco puedo hacer
Para que el agua corra y abra el surco
De la tierra buena y fértil de mañana
Acompaño la intrepidez de las gotas
Con mis versos.
Antonio Mora Vélez
Montería, enero de 2011.
jueves, 6 de enero de 2011
LAS LÁGRIMAS
Deja que las lágrimas
desciendan de tus ojos
porque podrás ver la ternura
que hay en otros
Deja que las lágrimas
humedezcan tus mejillas
porque sentirás como si el alma
se bañara en agua fresca y pura
Deja que las lágrimas
adornen los momentos
de la dicha
para que la dicha sea eterna
y esas lágrimas te la recuerden
siempre
Deja que las lágrimas
maticen el dolor
de los momentos tristes
para que la tristeza
no te devore desde dentro
y puedas seguir disfrutando
de la vida
Las lágrimas
alternan la amistad
de la alegría y de la tristeza
y son tan buenas
para el Hombre
como el agua de los
manantiales.
enero de 2011.
desciendan de tus ojos
porque podrás ver la ternura
que hay en otros
Deja que las lágrimas
humedezcan tus mejillas
porque sentirás como si el alma
se bañara en agua fresca y pura
Deja que las lágrimas
adornen los momentos
de la dicha
para que la dicha sea eterna
y esas lágrimas te la recuerden
siempre
Deja que las lágrimas
maticen el dolor
de los momentos tristes
para que la tristeza
no te devore desde dentro
y puedas seguir disfrutando
de la vida
Las lágrimas
alternan la amistad
de la alegría y de la tristeza
y son tan buenas
para el Hombre
como el agua de los
manantiales.
enero de 2011.
viernes, 31 de diciembre de 2010
EL BURRO Y EL PORRO
El burro bailaba salsa él solo
Y no atinaba un pase de boogalú
Fúmate un porro le dijo un ñero
Salta a la pista como eres tú
Mueve las piernas con desespero
Azota con ritmo cada baldosa
Mueve los hombros
Agita los brazos
Como si estuvieras
Con una diosa.
El viaje del porro que te fumaste
Te sirve también en el reggaetón
Estampa tu pelvis en tu pareja
Abrásala fuerte
Esa es tu vieja
Mueve las nalgas hacia adelante
Y restriégale el sexo
Contra un rincón.
Pero no bailes Porro
Con porro
Porque quedas burro en exposición
Pierdes el ritmo
Pierdes la gracia
Y en el ruedo pierdes
También la ruta que la hembra
Te señala con su faldón
O te quedas solo
Como rey de burlas
O te ganas una gaznatada
Por tu apretón
Vente a Pelayo burro salsero
Para que aprendas Porro
Con una pareja y en un redondel
Sin más estímulos que sus caderas
Y sus ojos insinuantes de color miel
Vente a Pelayo burro salsero
Disfruta el humo
De esa gran noche
Es otro aroma que tiene historia
Una historia nuestra que habla español
Que Huele a tabaco, a esperma y ron
Que huele a fandango
A sudor y almizcle
Que huele a mujeres de mi región.
Montería, diciembre de 2010.
Y no atinaba un pase de boogalú
Fúmate un porro le dijo un ñero
Salta a la pista como eres tú
Mueve las piernas con desespero
Azota con ritmo cada baldosa
Mueve los hombros
Agita los brazos
Como si estuvieras
Con una diosa.
El viaje del porro que te fumaste
Te sirve también en el reggaetón
Estampa tu pelvis en tu pareja
Abrásala fuerte
Esa es tu vieja
Mueve las nalgas hacia adelante
Y restriégale el sexo
Contra un rincón.
Pero no bailes Porro
Con porro
Porque quedas burro en exposición
Pierdes el ritmo
Pierdes la gracia
Y en el ruedo pierdes
También la ruta que la hembra
Te señala con su faldón
O te quedas solo
Como rey de burlas
O te ganas una gaznatada
Por tu apretón
Vente a Pelayo burro salsero
Para que aprendas Porro
Con una pareja y en un redondel
Sin más estímulos que sus caderas
Y sus ojos insinuantes de color miel
Vente a Pelayo burro salsero
Disfruta el humo
De esa gran noche
Es otro aroma que tiene historia
Una historia nuestra que habla español
Que Huele a tabaco, a esperma y ron
Que huele a fandango
A sudor y almizcle
Que huele a mujeres de mi región.
Montería, diciembre de 2010.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
MIRÁNDOME EN EL ESPEJO
Oí decir que habían condenado al dictador vecino
y que éste sonrió y saludó con su brazo en alto
al pueblo que lo despidió con vítores.
Oí decir que sus ministros lloraron patrióticamente
y que sus gestores –de adentro y de afuera—
lo sintieron mucho pero que, en aras de la democracia,
cambiaron de opinión sobre sus muertos.
Ahora veo el espejo espejito que me adivina el futuro
y me muestra el rostro de un japonés encarcelado,
a mis ministros llorando patrióticamente,
al pueblo despidiéndome y reemplazándome por otro
y a mis gestores –de adentro y de afuera--
lavándose las manos, como Pilatos.
Montería, abril de 2009.
y que éste sonrió y saludó con su brazo en alto
al pueblo que lo despidió con vítores.
Oí decir que sus ministros lloraron patrióticamente
y que sus gestores –de adentro y de afuera—
lo sintieron mucho pero que, en aras de la democracia,
cambiaron de opinión sobre sus muertos.
Ahora veo el espejo espejito que me adivina el futuro
y me muestra el rostro de un japonés encarcelado,
a mis ministros llorando patrióticamente,
al pueblo despidiéndome y reemplazándome por otro
y a mis gestores –de adentro y de afuera--
lavándose las manos, como Pilatos.
Montería, abril de 2009.
lunes, 20 de diciembre de 2010
CORTADA A PEDAZOS, PARA QUE APRENDAS
El jefe paramilitar llegó a mi casa finca con el firme propósito de hacerme entrar en razón. Los vecinos de la vereda se habían quejado ante el alcalde y ante el comandante del batallón por el volumen de mi equipo de sonidos durante las fiestas semanales que yo hacía y a las que invitaba a mis amigos poetas, artistas y literatos. Alegaban ante las autoridades que no eran fiestas sino orgías en las que no faltaban las putas que se prestaban al juego de la botella y en las que todos y todas terminábamos en pelotas. Y yo decía ante esas autoridades que las amigas que asistían a mis fiestas no eran putas sino escritoras y bailarinas del Ballet Folclórico que nos hacían la noche agradable con su compañía y que no se encueraban sino que bailaban con nosotros el porro, la danza típica de la provincia, que deja descubiertas las piernas y la intimidad vestida de la bailadora, con sus giros alegres y el concurso coqueto de las polleras.
Pero el señor comandante del grupo paramilitar llegó decidido a no dejarse mangonear por mí. “A mí no me vas a mamar gallo con el cuento del libre desarrollo de la personalidad y con el derecho que tienes sobre el espacio de tu casa y de tus tierras”, me dijo al enterarme del motivo de su visita.
--Yo no soy el alcalde pelotudo del pueblo ni el comandante bandido del batallón. Yo sí hago respetar la voluntad de los propietarios de la región. –me dijo segundos después.
--Yo también soy propietario y tengo derechos como los demás—le dije.
--Pero los demás son más propietarios que usted y nos colaboran y usted no—respondió con cara de desear terminar pronto su visita.
Cuando vio que yo trataba de argumentarle con el código de policía entre manos, que tenía derecho a hacer fiestas con música que no pasara de determinados decibeles, me atajó y me dijo:
--Guarda ese código de mierda que a mí no me sirve. ¡O te largas de aquí o te mueres!— gritó con voz de juez dictando sentencia—Y para que no te quede dudas de que hablo en serio ¡mira!
Entonces tomó de los cabellos a la mucama que me servía desde hacía varios años, la tiró al piso de la sala y empezó a machetearla hasta dejarla convertida en trozos de mujer muerta tendidos sobre un inmenso charco de sangre.
--¡Eso es para que aprendas que conmigo no se juega! –vociferó con los ojos encendidos de la ira y se marchó.
Sobra que les diga que mi alma de humanista no resistió semejante brutalidad criminal, y que caí desmayado. Cuando desperté busqué el rastro de sangre en la sala y el cuerpo trozado de mi empleada doméstica. Al no hallar las huellas macabras de semejante crimen, escuchar la voz dulce de mi nieta dándome los buenos días y ver que no estaba en una casa finca sino en el apartamento de mi hija, entendí que todo había sido una pesadilla y que no estaba en Colombia sino en Estocolmo.
Montería, diciembre 20 de 2010.
Pero el señor comandante del grupo paramilitar llegó decidido a no dejarse mangonear por mí. “A mí no me vas a mamar gallo con el cuento del libre desarrollo de la personalidad y con el derecho que tienes sobre el espacio de tu casa y de tus tierras”, me dijo al enterarme del motivo de su visita.
--Yo no soy el alcalde pelotudo del pueblo ni el comandante bandido del batallón. Yo sí hago respetar la voluntad de los propietarios de la región. –me dijo segundos después.
--Yo también soy propietario y tengo derechos como los demás—le dije.
--Pero los demás son más propietarios que usted y nos colaboran y usted no—respondió con cara de desear terminar pronto su visita.
Cuando vio que yo trataba de argumentarle con el código de policía entre manos, que tenía derecho a hacer fiestas con música que no pasara de determinados decibeles, me atajó y me dijo:
--Guarda ese código de mierda que a mí no me sirve. ¡O te largas de aquí o te mueres!— gritó con voz de juez dictando sentencia—Y para que no te quede dudas de que hablo en serio ¡mira!
Entonces tomó de los cabellos a la mucama que me servía desde hacía varios años, la tiró al piso de la sala y empezó a machetearla hasta dejarla convertida en trozos de mujer muerta tendidos sobre un inmenso charco de sangre.
--¡Eso es para que aprendas que conmigo no se juega! –vociferó con los ojos encendidos de la ira y se marchó.
Sobra que les diga que mi alma de humanista no resistió semejante brutalidad criminal, y que caí desmayado. Cuando desperté busqué el rastro de sangre en la sala y el cuerpo trozado de mi empleada doméstica. Al no hallar las huellas macabras de semejante crimen, escuchar la voz dulce de mi nieta dándome los buenos días y ver que no estaba en una casa finca sino en el apartamento de mi hija, entendí que todo había sido una pesadilla y que no estaba en Colombia sino en Estocolmo.
Montería, diciembre 20 de 2010.
sábado, 18 de diciembre de 2010
GRAN CAPITÁN DE LA ESPERANZA
A mi profesor Eduardo Pastrana Rodríguez.
Bolívar cabalga de nuevo.
Así lo sienten hoy los ríos y los valles,
la cordillera y las llanuras de los Andes
y el sur moreno de todas sus ciudades.
Bolívar está de regreso en América.
Le acompañan un aborigen perseguido,
una madre sin pan,
un niño descalzo,
un campesino desplazado de su tierra
y un obrero empobrecido
y burlado.
Bolívar es otra vez la voz
de los pueblos que luchan
contra el Imperio voraz
que les arrebata sus riquezas
y es también un grito de paz y libertad
en el corazón de los parias.
El viento de Los Andes riega hoy
las luces de Bolívar
sobre todo el continente
y su pensamiento es agua buena
que hace reverdecer su proclama de unidad
mestizo-americana
y es voz airada de protesta
contra los mezquinos que
se repartieron la Gran Patria
y se la entregaron al enemigo de sus sueños.
Una ráfaga de ese viento ha llegado
hasta mi rostro y me dice
que ya es hora de levantar la voz
y de rescatar el huerto
con todas sus semillas
y de instalar la verdad en los caminos
para recobrar el rumbo libertario.
Y mis ojos ven a Bolívar
al valiente general grancolombiano
cabalgando su Palomo
y llamando a la batalla por la dignidad
latinoamericana
y ordenando expulsar a los mantuanos
que sepultaron las ilusiones
de los patriotas de ayer.
Y lo ven hojeando sus frases lapidarias
advirtiéndole a los halcones imperiales
que se les agotó el tiempo,
que no podrán plagar más a nuestra América
de dolor y de miseria
ni de marionetas asesinas.
Que la libertad es sinónimo
de paz, de techo y miel
y que se descubre en las palabras del maestro
que nos libera de las sombras
y en las manos que curan.
Y lo ven mis ojos con visión de patria
a Bolívar...al Libertador de cinco cielos,
al gran capitán de la esperanza
escuchando las voces que le dicen
desde el Río Grande hasta la Patagonia:
¡Suba, mi General, al caballo alado del futuro!
¡Convoque a su alrededor a todas las banderas!
¡Desenvaine la espada de sus triunfos aplazados!
¡Ordene disparar todas sus ideas! ¡Que ya suenan
los clarines de la nueva independencia!
<
Bolívar cabalga de nuevo.
Así lo sienten hoy los ríos y los valles,
la cordillera y las llanuras de los Andes
y el sur moreno de todas sus ciudades.
Bolívar está de regreso en América.
Le acompañan un aborigen perseguido,
una madre sin pan,
un niño descalzo,
un campesino desplazado de su tierra
y un obrero empobrecido
y burlado.
Bolívar es otra vez la voz
de los pueblos que luchan
contra el Imperio voraz
que les arrebata sus riquezas
y es también un grito de paz y libertad
en el corazón de los parias.
El viento de Los Andes riega hoy
las luces de Bolívar
sobre todo el continente
y su pensamiento es agua buena
que hace reverdecer su proclama de unidad
mestizo-americana
y es voz airada de protesta
contra los mezquinos que
se repartieron la Gran Patria
y se la entregaron al enemigo de sus sueños.
Una ráfaga de ese viento ha llegado
hasta mi rostro y me dice
que ya es hora de levantar la voz
y de rescatar el huerto
con todas sus semillas
y de instalar la verdad en los caminos
para recobrar el rumbo libertario.
Y mis ojos ven a Bolívar
al valiente general grancolombiano
cabalgando su Palomo
y llamando a la batalla por la dignidad
latinoamericana
y ordenando expulsar a los mantuanos
que sepultaron las ilusiones
de los patriotas de ayer.
Y lo ven hojeando sus frases lapidarias
advirtiéndole a los halcones imperiales
que se les agotó el tiempo,
que no podrán plagar más a nuestra América
de dolor y de miseria
ni de marionetas asesinas.
Que la libertad es sinónimo
de paz, de techo y miel
y que se descubre en las palabras del maestro
que nos libera de las sombras
y en las manos que curan.
Y lo ven mis ojos con visión de patria
a Bolívar...al Libertador de cinco cielos,
al gran capitán de la esperanza
escuchando las voces que le dicen
desde el Río Grande hasta la Patagonia:
¡Suba, mi General, al caballo alado del futuro!
¡Convoque a su alrededor a todas las banderas!
¡Desenvaine la espada de sus triunfos aplazados!
¡Ordene disparar todas sus ideas! ¡Que ya suenan
los clarines de la nueva independencia!
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